Misal diario. Misal carmelitano.
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Domingo 26 de julio
XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Verde
ANTÍFONA DE ENTRADA
Cfr. Sal 67, 6-7.36
Dios habita en su santuario; él nos hace habitar juntos en su casa; es la fuerza y el poder de su pueblo.
Se dice Gloria.
ORACIÓN COLECTA
Señor Dios, protector de los que en ti confían, sin ti nada es fuerte ni santo; multi-plica sobre nosotros tu misericordia para que, bajo tu dirección, de tal modo nos sirvamos ahora de los bienes pasajeros, que nuestro corazón esté puesto en los bie-nes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Por haberme pedido sabiduría.
Del primer libro de los Reyes: 3, 5-13
En aquellos días, el Señor se le apareció al rey Salomón en sueños y le dijo: "Salomón, pídeme lo que quieras, y yo te lo daré".
Salomón le respondió: "Señor, tú trataste con misericordia a tu siervo David, mi padre, porque se portó contigo con lealtad, con justicia y rectitud de corazón. Más aún, también ahora lo sigues tratando con misericordia, porque has hecho que un hijo suyo lo suceda en el trono. Sí, tú quisiste, Señor y Dios mío, que yo, tu siervo, sucediera en el trono a mi padre, David. Pero yo no soy más que un muchacho y no sé cómo actuar. Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quién será capaz de gobernar a este pueblo tuyo tan grande?".
Al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido sabiduría y le dijo: "Por haberme pedido esto, y no una larga vida, ni riquezas, ni la muerte de tus enemi-gos, sino sabiduría para gobernar, yo te concedo lo que me has pedido. Te doy un corazón sabio y prudente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Te voy a conceder, además, lo que no me has pedido: tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo".
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor,
SALMO RESPONSORIAL
R. Yo amo, Señor, tus mandamientos.
Del salmo 118
A mí, Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos. Para mí valen más tus ense-ñanzas que miles de monedas de oro y plata. R.
Señor, que tu amor me consuele, conforme a las promesas que me has hecho. Muéstrame tu ternura y viviré, porque en tu ley he puesto mi contento. R.
Amo, Señor, tus mandamientos más que el oro purísimo; por eso tus preceptos son mi guía y odio toda mentira. R.
Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo. La explicación de tu palabra da luz y entendimiento a los sencillos. R.
SEGUNDA LECTURA
Nos predestina para que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su Hijo.
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8, 28-30
Hermanos: Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador.
En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogenito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica.
Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R.
EVANGELIO
Vende cuanto tiene y compra aquel campo.
Del santo Evangelio según san Mateo: 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Alli será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?". Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
Se dice Credo.
PLEGARIA UNIVERSAL
Reunidos con fe en la casa del Señor, dirijamos al Padre celestial la mente y el cora-zón, en la confianza filial de que siempre está con nosotros en toda necesidad. Digamos todos:
R. Padre de la vida, escúchanos.
† Por la santa madre Iglesia, para que, en su peregrinaje terreno, tenga siempre fija la mirada en las realidades eternas y pueda un día contemplar a sus hijos reunidos en el banquete del cielo. Oremos.
†Por los obispos y los presbíteros, para que, compartiendo cada día el pan de la Palabra y de la Eucaristía, ofrezcan a los fieles el alimento eficaz para la vida espi-ritual. Oremos.
Por los pueblos de la tierra, para que, acogiendo la invitación a la conversión, dirijan sus pasos hacia Cristo, fuente de la verdadera paz y vínculo de unidad. Oremos.
+ Por los pobres, los que sufren y los que tienen hambre, para que experimenten la compasión del Hijo en la fraterna caridad de quien sale a su encuentro con el corazón. Oremos.
†Por nosotros que participamos en esta santa Eucaristía, para que, tocados por la gracia, creamos realmente que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús. Oremos.
Escucha, Señor, las invocaciones que la Iglesia te presenta, y haz que tu presencia en nuestra vida nos consuele en la debilidad. Por Cristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, los dones que por tu generosidad te presentamos, para que, por el poder de tu gracia, estos sagrados misterios santifiquen toda nuestra vida y nos conduzcan a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Mt 5, 7-8
Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia. Dichosos los lim-plos de corazón, porque verán a Dios.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Habiendo recibido, Señor, el sacramento celestial, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo, concédenos que este don, que él mismo nos dio con tan inefable amor, nos aproveche para nuestra salvación eterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
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Carmelitas Descalzos de México.
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