Misal diario. Misal carmelitano.
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Martes 27 de enero
SEMANA III DEL TIEMPO ORDINARIO
Feria: Verde
o memoria libre de san Enrique de Ossó, presbítero
Nació en Vinebre (Tarragona) en 1840. La lectura del Libro de la Vida de santa Teresa de Jesús despertó en él la vocación sacerdotal. Fue un infatigable anunciador del Evangelio, especialmente por medio de la catequesis. Fundó varias asociaciones de fieles para fomentar la oración y el apostolado entre los niños, jóvenes y adultos. Fundó periódicos y escribió numerosos libros y artículos para propagar la doctrina católica, defender la Iglesia y enseñar a orar. Fundó la Compañía de Santa Teresa, Instituto femenino que tiene como finalidad la formación de la mujer en la escuela del Evangelio y de la santa de Ávila. Tras un duro calvario de sufrimientos, entregó su alma a Dios en la localidad valenciana de Gilet el 27 de enero de 1896.
Antífona de entrada Lc 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres.
Oración colecta
Oh Dios, que en san Enrique de Ossó, presbítero, has unido maravillosamente una oración continua con una actividad apostólica incansable; concédenos, por su intercesión, que, perseverando en el amor de Cristo, sirvamos a tu Iglesia con la palabra y las obras. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Entre la alegría general, David llevó el arca a Jerusalén.
Del segundo libro de Samuel: 6, 12-15. 17-19
En aquellos días, David fue a casa de Obededom, donde estaba el arca de la alianza, y la transportó con gran alborozo a la ciudad de David. Apenas habían dado seis pasos los que llevaban el arca, cuando él sacrificó un toro y un becerro gordo.
David danzaba con todas sus fuerzas ante el Señor, ceñido con una especie de mandil de lino, que usaban los sacerdotes. David y toda la casa de Israel conducían el arca del Señor con aclamaciones de júbilo, al son de las trompetas.
Llevaron el arca del Señor y la colocaron en su sitio, en medio de la tienda que David había mandado levantar. Luego David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de acción de gracias. Cuando terminó, David bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos y repartió a todo el pueblo, a cada hombre y a cada mujer de Israel, un pan, un trozo de carne asada y un pastel de pasas. Después se fueron todos, cada uno a su casa.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 23, 7. 8. 9. 10
R. El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!
R. El Señor es el rey de la gloria.
Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla.
R. El Señor es el rey de la gloria.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria!
R. El Señor es el rey de la gloria.
Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria.
R. El Señor es el rey de la gloria.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
Cfr. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R.
EVANGELIO
El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Del santo Evangelio según san Marcos: 3, 31-35
En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".
Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?". Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las ofrendas
Al celebrar estos divinos misterios te rogamos, Señor, que el Espíritu Santo derrame sobre nosotros aquella misma luz con la que iluminó a tu siervo Enrique y lo impulsó a la propagación de tu gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.
Antífona de comunión
Jn 15, 4-5
Permaneced en mí, y yo en vosotros... el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.
Oración después de la comunión
Alimentados con estos sagrados misterios, te pedimos, Señor, nos ayudes a seguir los ejemplos de san Enrique, que te rindió culto con devoción constante, y se entregó a tu pueblo en un continuo servicio de amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
El Libro Vivo es un servicio gratuito.
Carmelitas Descalzos de México.
ocd.org.mx