Misal diario. Misal carmelitano.
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Lunes 23 de noviembre
XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Beato Miguel Agustin Pro. Santos Clemente l y Columbano (ml) (Verde)
Oraciones de la misa: "Por la Iglesia particular", E (M.R. pág. 1043 [M.R. 4º ed., 1095]).
O bien:
*Del beato Miguel Agustin Pro (ml), rojo (abajo).
**San Clemente I (ml), rojo (abajo)
***San Columbano (ml), blanco (abajo)
1. Antífona de entrada.
Jesucristo nos amó y nos purificó de nuestros pe-cados con su sangre, y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre: A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén (Cfr. Apoc 1, 5-6).
2. Oración colecta.
Señor Dios, que en cada Iglesia que peregrina por el mundo manifiestas a la Iglesia una, santa, católica y apostólica, concede, be-nigno, a esta grey tuya de tal modo estar unida a su pastor, congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, que pueda representar dignamente la universalidad de tu pueblo y sea así signo e instrumento de la presencia de Cristo en el mundo. Él, que vive y reina contigo...
Primera Lectura
(Apoc 14, 1-3. 4-5)
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
Yo, Juan, tuve otra visión: Vi al Cordero, en pie sobre el monte Sión y con él, ciento cuarenta y cuatro mil personas, que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.
Y oí un ruido que venía del cielo, parecido al estruendo del mar y al es-tampido de un trueno poderoso; el ruido que oía era como el de un gran coro acompañado de arpas. Cantaban un cántico nuevo ante el trono, ante los cua-tro seres vivientes y los ancianos.
Y nadie podía cantar el cántico, fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, que habían sido rescatados de la tierra. Éstos son los que acompañan al Cor-dero a dondequiera que va; éstos son los que han sido rescatados de entre los hombres, las primicias para Dios y para el Cordero; en la boca de ellos no hubo mentira y son irreprochables ante Dios.
Palabra de Dios. A. Te alabamos, Señor.
Salmo responsorial (Sal 23)
R. Dichosos los limpios de corazón.
L. Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habi-tan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos./R.
L. ¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su re-cinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso. / R.
L. Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Ésta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob. /R.
Aclamación antes del Evangelio
(Mt 24, 42.44)
R. Aleluya, aleluya. Estén preparados, porque no saben a qué hora va a venir el Hijo del hombre. / R. Aleluya.
Evangelio
(Lc 21, 1-4)
Del santo Evangelio según san Lucas
A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echa-ba allí dos moneditas, y dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir".
Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las ofrendas.
Al celebrar el memorial de la inmensa ca-ridad de tu Hijo, te rogamos, Señor, que el fruto de su obra salvadora, por el ministerio de tu Iglesia, sirva para la salvación del mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
*Beato Miguel Agustín Pro (ml), rojo (M.R. pág. 838 [M.R., 4ª ed., 884]).
Antifona de la comunión.
Mira que estoy aquí, tocando a la puerta; si algu-no escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos (Apoc 3, 20).
Oración después de la comunión.
Que en esta Iglesia tuya, Señor, florezca y perdure hasta el fin la integridad de la fe, la santidad de vida, el amor fraterno y la piedad sincera; y, ya que la alimentas con tu Palabra y con el Cuerpo de tu Hijo, no ceses de conducirla bajo tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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*Beato Miguel Agustín Pro (ml), rojo (M.R. pág. 838 [M.R., 4ª ed., 884]).
Oración colecta.
Dios y Padre nuestro, que concediste a tu siervo Miguel Agustin Pro, en su vida y en su martirio, buscar ardientemente tu mayor gloria y la salvación de los hombres, concédenos, a ejemplo suyo, servirte y glorifi-carte cumpliendo nuestras obligaciones diarias con fidelidad y alegría, y ayu-dando eficazmente a nuestros prójimos. Por nuestro Señor Jesucristo...
Oración sobre las ofrendas.
Santifica, Señor, con tu bendición, los dones que te presentamos, para que, por tu gracia, nos inflamen en aquel fuego de tu amor con el que tu siervo Miguel Agustín Pro venció en su cuerpo todos los tormentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la comunión.
Que el santo sacramento que recibimos, Señor, nos comunique aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir Miguel Agustin Pro fiel en tu servicio y victorioso en su pasión. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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**San Clemente I (ml), rojo (M.R. pág. 838 [M.R. 4º ed., 883]).
Oración colecta.
Dios todopoderoso y eterno, que te muestras admirable en las virtudes de todos tus santos, concédenos celebrar con alegría la memoria de san Clemente primero, sacerdote y mártir de tu Hijo, que dio testimonio con su muerte de los misterios que celebramos y confirmó con el ejemplo lo que predicó con su palabra. Por nuestro Señor Jesucristo...
Oración sobre las ofrendas.
Santifica, Señor, con tu bendición, los dones que te presentamos, para que, por tu gracia, nos inflamen en aquel fuego de tu amor con el que san Clemente primero venció en su cuerpo todos los tor-mentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la comunión.
Que el santo sacramento que recibimos, Se-ñor, nos comunique aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir san Clemente primero fiel en tu servicio y victorioso en su pasión, Por Jesucristo, nuestro Señor.
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***San Columbano (ml), blanco (M.R. pág. 838 [M.R. 4º ed., 884]).
Oración colecta.
Dios nuestro, que en la vida de san Columbano, abad, uniste de un modo admirable la observancia monástica y el empeño por pre-dicar el Evangelio, concédenos, por su intercesión y siguiendo su ejemplo, bus-carte sobre todas las cosas y trabajar para que crezca tu pueblo creyente. Por nuestro Señor Jesucristo...
Oración sobre las ofrendas.
Al acercarnos a tu altar, Señor, concédenos aquel gusto por la piedad del que estuvo inflamado el abad san Columbano, para que, limpios de corazón y fervorosos en la caridad, podamos ofrecerte este sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la comunión.
Por la fuerza de este sacramento que recibimos, renueva, Señor, nuestros corazones, para que, a ejemplo de san Columba-no, abad, saboreando las cosas de arriba y no las de la tierra, merezcamos estar en la gloria con Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
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