Misal diario. Misal carmelitano.
Misal diario. Misal carmelitano.
Viernes 27 de noviembre
XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Oraciones de la misa: "Por los enfermos" (M.R. pág. 1101 [M.R. 4ª ed., 1156]).
Antífona de entrada.
Ten piedad de mí, Señor, porque desfallezco; sá-name, Señor, porque mis huesos se quiebran y la enfermedad me aflige (Sal 6, 3-4).
Oración colecta.
Señor Dios, que quisiste que tu Unigénito cargara con nuestros sufrimientos para mostrarnos el valor de la enfermedad y la pacien-cia humana, escucha benignamente nuestras súplicas por los hermanos que se hallan enfermos y concede que los que están afligidos por el dolor, las penas y la enfermedad, no sólo se sientan elegidos entre aquellos proclamados dicho-sos, sino también sepan que están unidos a Cristo en su pasión, para salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo...
3. Primera Lectura
Apoc 20, 1-4. 11-21, 2
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. El ángel sujetó al dragón, la serpiente antigua, que es el dia-blo o Satanás, y lo encadenó durante mil años. Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso un sello, para que ya no pudiera engañar a los pueblos hasta que pasaran mil años. Después de esto, es necesario que lo suelten un poco de tiempo.
Vi también unos tronos, donde se sentaron los encargados de juzgar. Vi, además, vivos a los que habían sido sacrificados por dar testimonio de Jesús.
y proclamar la palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la bestia ni a su estatua, y no se dejaron poner su marca en la frente ni en la mano. Éstos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.
Vi después un trono brillante y magnífico, y al que estaba sentado en él. El cielo y la tierra desaparecieron de su presencia sin dejar rastro. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos unos libros y también el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados conforme a sus obras, que estaban escritas en esos libros.
El mar devolvió sus muertos; la muerte y el abismo devolvieron los muer-tos que guardaban en su seno. Cada uno fue juzgado según sus obras. La muerte y el abismo fueron arrojados al lago de fuego; este lago es la muerte definitiva. Y a todo el que no estaba escrito en el libro de la vida lo arrojaron al lago de fuego.
Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la pri-mera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.
También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad san-ta, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia que va a desposarse con su prometido. Palabra de Dios.
A. Te alabamos, Señor.
4. Salmo responsorial
Sal 83
R. Dichosos los que viven en tu casa.
L. Anhelando los atrios del Señor se consume mi alma. Todo mi ser de gozo se estremece y el Dios vivo es la causa. / R.
L. Hasta el gorrión encuentra casa y la golondrina un lugar para su nido, cerca de tus altares, Señor de los ejércitos, Dios mío. / R.
L. Dichosos los que viven en tu casa, te alabarán para siempre; dichosos los que encuentran en ti su fuerza, pues caminarán cada vez con más vigor./R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 21, 28
R. Aleluya, aleluya. Estén atentos y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación, dice el Señor.
R. Aleluya.
6. Evangelio
Lc 21, 29-33
Del santo Evangelio según san Lucas A. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: "Fijen-se en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse".
Palabra del Señor. A. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las ofrendas.
Dios nuestro, cuya providencia dirige cada momento de nuestra vida, recibe las súplicas y las ofrendas con que implo-ramos tu misericordia en favor de nuestros hermanos enfermos, para que la preocupación de ahora por su enfermedad, se nos convierta pronto en gozo por su salud. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de la comunión.
Completo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo, por el bien de su cuerpo, que es la Iglesia (Col 1, 24).
Oración después de la comunión.
Dios nuestro, auxilio inefable en la en-fermedad, ayuda con tu poder a estos hijos tuyos enfermos, para que, aliviados por tu misericordia, vuelvan a ocupar su lugar en la asamblea de tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El Libro Vivo es un servicio gratuito.
Carmelitas Descalzos de México.
ocd.org.mx