Misal diario. Misal carmelitano.
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Miércoles 20 de mayo
VII SEMANA DE PASCUA
[1:16 p.m., 25/4/2026] Eric: 20 de mayo
Miércoles VII de Pascua
Feria Blanco
O blen: "San Bernardino de Slena, presbitero (p.86).
La unidad es un don, acojámosla
AL
Continuamos en la llamada "oración sacerdotal" y ahora percibimos que Jesús, según Juan, enfatiza una peculiaridad de la comunións susumesure cedencia desde la vida misma de Dios (mañana explicaremos otras tres carac-terísticas). Al hablar de la altura de la unidad nos referimos a que es un COMENTARIO don, una gracia. No es solamente una necesidad sentida, es también una EVANGELIO gracia recibida, pues es Jesucristo quien fundamenta la necesidad de estar en comunión y al mismo tiempo, quien la hace posible.
Esto permite señalar, en primer lugar, que la unidad es fruto de la muerte de Jesús (Jn 11,51s). La entrega de su vida tiene un sentido integrador infinito de la humanidad: no muere por unos, entrega la vida por todos. Más aún, la finalidad de su entrega y las consecuencias de su muerte son la integración de todos como verdaderos hermanos. En segundo lugar, la unidad se vive a semejanza de la vida de Dios y desde ella: "para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mi y yo en ti, que también sean uno en nosotros..." (Jn 17,21). A partir de lo que nos enseña hoy el Evangelio, ¿qué podemos hacer para construir la uni-dad en nuestra familia, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad?
ANTÍFONA DE ENTRADA
Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con gritos de júbilo. Aleluya.
Sal 46, 2
ORACIÓN COLECTA
Dios misericordioso, concede benignamente a tu Iglesia que, congregada por el Espí-ritu Santo, te sirva con todo su corazón y permanezca con sinceridad en comunión fraterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
PRIMERA LECTURA
Ahora los dejo en manos de Dios, que puede hacerlos crecer y alcanzar la herencia prometida. Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 20, 28-38
En aquellos días, Pablo dijo a los presbiteros de la comunidadoristisna de Efeso: "Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó
pastores el Espiritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la sangre de su Hijo.
Yo sé que después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos rapaces, que no tendrán piedad del rebaño y sé que, de entre ustedes mismos, surgirán hombres que predicarán doctrinas perversas y arrastrarán a los fieles detrás de si. Por eso estén alerta. Acuérdense que durante tres años, ni de dia ni de noche he dejado de aconsejar, con lágrimas en los ojos, a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para que todos los consagrados a Dios crezcan en el espíritu y alcancen la herencia prometida. Yo no he codiciado ni el oro ni la plata ni la ropa de nadie. Bien saben que cuanto he necesitado para mí y para mis compañeros, lo he ganado con mis manos. Siempre he mostrado que hay que trabajar asi, para ayudar como se debe a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: 'Hay más felicidad en dar que en recibir'".
Dicho esto, se arrodilló para orar con todos ellos. Todos se pusieron a llorar y abrazaban y besaban a Pablo, afligidos, sobre todo, porque les había dicho que no lo volverían a ver. Y todos lo acompañaron hasta el barco. Palabra de Dios. R. Te alabamos, Señor.
Del salmo 67
SALMO RESPONSORIAL R. Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya.
Señor, despliega tu poder, reafirma lo que has hecho por nosotros, desde Jerusa-lén, desde tu templo, a donde vienen los reyes con sus dones. R. Cántenle al Señor, reyes de la tierra, denle gloria al Señor que recorre los cielos
seculares, y que dice con voz como de trueno: "Glorifiquen a Dios". R. Sobre Israel su majestad se extiende y su poder, sobre las nubes. Bendito sea nuestro Dios. R.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr. In 17, 17
R. Aleluya, aleluya. Tu palabra, Señor, es la verdad; santificanos en la verdad. R.
EVANGELIO
Padre, que ellos sean uno, como nosotros Del santo Evangelio según san Juan: 17,11-19manol
E n aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cum-pliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que
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[1:16 p.m., 25/4/2026] Eric: los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santificalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envio yo también al mundo. Yo me santifico a mi mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad". Palabra del Señor. R. Gloria a ti, Señor Jesús.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, el sacrificio que tú mismo nos mandaste ofrecer, y, por estos sagra-dos misterios, que celebramos en cumplimiento de nuestro servicio, dignate llevar a cabo en nosotros la santificación que proviene de tu redención. Por Jesu-cristo, nuestro Señor.
Prefacio de Pascua o de la Ascensión.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
Jn 15, 26-27
Cuando venga el Abogado que yo les enviaré, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí, dice el Señor, y también ustedes darán testimo-nio. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que la participación en este sacramento celestial multiplique en nosotros tu gracia, Señor, y, purificándonos con su poder, nos haga siempre más capaces de seguir reci-biendo tan admirable don. Por Jesucristo, nuestro Señor.
San Bernardino de Siena, presbitero (ml), blanco (MR, p. 747 [734]).
Desde Milón hasta Roma este franciscano recorría aldeas y ciudades predicando el amor infinito de Dios y ofreciendo el nombre de Jesús como la protección para toda clase de males.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, tú que diste a san Bernardino de Siena, presbitero, un extraordinario amor al santo nombre de Jesús, concédenos también a nosotros, por su intercesión y sus méritos, vivir siempre inflamados por el espíritu de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo...
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Dios misericordioso, que, despojando a san Bernardino de Siena del hombre viejo, te dignaste formar en él un hombre nuevo conforme a tu imagen, concédenos, pro-picio, que nosotros, igualmente renovados, te ofrezcamos este sacrificio de recon-ciliación, agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por la eficacia de este sacramento, te rogamos, Señor, que, a ejemplo de san Ber-nardino de Siena, nos conduzcas siempre por el camino de tu amor, y que la obra buena que empezaste en nosotros, la perfecciones, hasta el día en que se mani-fieste Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
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Carmelitas Descalzos de México.
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